martes, 16 de marzo de 2010

L´Ange du Foyer, estentórea obra surrealista de Max Ernst, provoca náuseas: es su estética tan retorcida, oscura; y sin embargo, colorida y magnética. Encierra un mensaje etéreo, completamente subjetivo, y es ese el sentimiento que buscamos en este Blog. Cuando clavamos nuestra mirada en la delgada capa de realidad que los pensamientos del creador despilfarran en la pintura, pareciera que su composición nos muestra una frase inasequible de carácter onírico: pesadillas, deseos, la prevalencia de lo irreal sobre la mal llamada realidad material; observamos la imagen y nos aventuramos a dejar que nuestro pensamiento divague en ella, pero nos detenemos al llegar a cierto punto: tenemos miedo de empaparnos de aquello que nos ofrece. ¿Consecuencias negativas, tal vez, nos deparan si exploramos demasiado profundo en aquello inmaterial?

Eva se desliza a la fruta aún mas reptilianamente que la serpiente misma, porque, estando en dos pies, se arrastra tras el seseante empuje de satanás hacia la desobediencia. Pero no nos damos cuenta que, por lo menos según esta historia- adjudíquesele el carácter que sea- nosotros somos fruto de este error, y surgimos como resultado del destierro de Eva y Adán hacia una Tierra más carnal y "real". Su realidad fue divida en "bien" y "mal"- surge el concepto de "lo moral"- "mujer" y "hombre", y el sexo es descubierto por tan inocentes individuos, engendrando la siguiente generación de humanos. Es, entonces, relativo si Adán y Eva cometieron pecado, o solamente tomaron otro camino.

Eva pecó porque osó tomar y comer de la fruta del bien y del mal, dividiendo su mundo perfecto en una dualidad que esconde muy bien está perfección que todo lo engloba, y es por esta misma opinión que yo oso afirmar que, más bien que haberse contaminado con la fruta, los humanos nos separamos de la unidad perfecta de Dios al descubrirnos a nosotros mismos y lo que nos circunda como duales, desprendiéndonos de la fuente primordial. Y es este conocimiento que debemos ganar de vuelta. La intención es crecer, desarrollarse, busca y encontrar, para regresar a Dios.

Osemos, entonces, a dejar que cualquier pequeña luz de pensamiento introvertido, polémico, dudoso, provocativo, loco; escape del confinamiento de nuestra mente y se exprese, aunque sea parcialmente-porque jamás un pensamiento se desnuda por completo en las palabras, habladas o escritas-en osadas líneas para el deleite de todos.

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